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🌅 Madrugar para ganar claridad: 3 lecciones después de un mes antes del amanecer

Alejandro Sherab | JUN 9, 2025

Normalmente en el mundo del yoga y la meditación se habla mucho de la importancia de practicar al amanecer o a primera hora. Una parte de mí siempre se ha preguntado por qué. ¿Realmente marca tanto la diferencia?

Durante años, mientras dirigía la asociación de yoga, mantenía esta rutina porque las clases empezaban a las 7. Sin embargo, la vida a veces te lleva por otros horarios. Entre viajes, enseñanzas y cambios, perdí durante una temporada ese hábito tan enriquecedor de madrugar. Y cuando digo madrugar, me refiero a despertarme antes de que amanezca, cuando aún todo duerme y la energía del día todavía no ha comenzado a moverse.

Hace ya más de un mes, al lanzar el intensivo de yoga por la mañana, decidí volver a ser mi propio laboratorio. Quise poner a prueba, otra vez y desde otro lugar, esta teoría de los beneficios de empezar el día con yoga y meditación en ese espacio tan especial. Y como si fuera la primera vez, he redescubierto muchas cosas que me gustaría compartir contigo, por si estás considerando incorporar este hábito a tu vida.

¿Por qué se dice que esta hora es tan beneficiosa?

Desde el punto de vista energético, se considera que justo antes de salir el sol es el momento más sáttvico del día: equilibrado, silencioso, propicio para la introspección. La mayoría aún duerme, y ese silencio facilita muchísimo la presencia y la claridad mental.

Desde el punto de vista fisiológico, es el mejor momento: la digestión ya se ha hecho y el estómago está vacío —si no cenaste mucho ni muy tarde, pero eso da para otro texto—, lo que ayuda a trabajar mejor tanto el cuerpo como la mente.

Y desde lo mental, es una franja del día con menos distracciones. Nadie espera que respondas un mensaje o un email a las 6 de la mañana. No hay urgencias, y eso cambia por completo la forma en la que uno se relaciona con el tiempo.

Para mí, el mayor beneficio de madrugar ha sido que estructura el día de tal forma que todo lo que haces a esa hora se vuelve fértil y transformador. Hay una sensación de ir por delante del tiempo, de estar al mando. Como si el día se abriese más.

Las 3 lecciones que me ha dejado este mes de práctica

1. Madrugar es fácil. Lo difícil es acostarse pronto.

Cuando pensamos en madrugar, nos parece una tortura. Especialmente en fines de semana o días libres. Pero la realidad es que la verdadera batalla se libra la noche anterior. Si uno se acuesta viendo la tele, saliendo a tomar algo o enganchado al móvil, el descanso se resiente.

Yo, por ejemplo, necesito entre 6 y 7 horas para rendir bien. Si quiero levantarme a las 5:30, tengo que acostarme entre 10:30 y 11:30. Y eso significa evitar tentaciones. ¿La clave? Cambiar un hábito por otro. Por ejemplo:

  • Sustituir el capítulo de Netflix por una sesión de Yoga Nidra o meditación.
  • Cambiar el picoteo nocturno por una infusión digestiva.

No se trata de prohibirse cosas, sino de hacer espacio para descansar mejor.

2. El estado en el que te vas a dormir determina el estado en el que te levantas

He comprobado que si me voy a dormir con el estómago lleno, enfadado o saturado, me cuesta el triple despertarme. El cuerpo quiere seguir soñando, como si no estuviera listo para enfrentar el día.

En cambio, cuando me voy a dormir tranquilo, con un propósito claro y el cuerpo ligero, levantarme se vuelve natural. Hay continuidad entre el estado del que te duermes y el que te despierta.

Algunas cosas que me han ayudado:

  • Hacer ayuno intermitente, para irme a la cama sin pesadez.
  • Dejar el móvil una hora antes de dormir.
  • Entender que las tentaciones más fuertes aparecen por la noche: cuanto antes empiece a prepararme para descansar, menos me arrastran.

3. El poder del compromiso

Quizás la lección más importante. Tener un compromiso cambia todo. Puede ser con uno mismo, pero al principio es mucho más potente si es con alguien más. Alguien que respetas. Alguien que te espera.

Desde que lancé el intensivo, esa cita a las 7 de la mañana me ha ayudado a reajustar todo. No porque sea un esfuerzo enorme, sino porque hay algo más grande que mi voluntad matutina que me sostiene. Y cumplir con ese compromiso refuerza algo profundo: la confianza en uno mismo.

Mi consejo: si quieres empezar a madrugar, búscate un cómplice. No importa si es para yoga, correr o simplemente compartir un café temprano. Lo importante es tener esa referencia que te ayude a cambiar tus hábitos sin cuestionártelo demasiado.

En resumen

Volver a madrugar antes del amanecer ha sido un redescubrimiento. Me ha traído claridad, orden, confianza y un tipo de alegría muy sencilla pero muy real.

Si tú también estás buscando transformar tus mañanas y vivir tus días con más intención, te invito a unirte al:

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De lunes a viernes a las 7:00 (hora de España)
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Alejandro Sherab | JUN 9, 2025

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